Kay Sara

Esta locura tiene que acabar

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Discurso dado por Kay Sara, actriz indígena Tariano/Tukano, con ocasión de la apertura oficial del Festival de Viena, el mayor festival de teatro de Europa, el 16 de mayo de 2020. Ella interpreta el papel principal en “Antígona en la Amazonía”, de Miro Rau/IIPM e MST.

 

 

Yo debería haber subido hoy al palco de Burgtheater para abrir el Festival de Viena. Debería haber sido la primera indígena en hacer un discurso en este teatro, que dicen que es el mayor y más rico del mundo. Debería haber comenzado con una cita de un clásico europeo, la pieza Antígona de Sófocles: “Muchas cosas son monstruosas, pero nada es mas monstruoso que el ser humano”. 

 

Yo habría venido hasta ustedes directamente desde nuestros ensayos en la Amazonía, de una nueva puesta en escena europeo-brasileña de la pieza teatral Antígona. Habría hecho el papel de Antígona, que se rebela contra el gobernante Creonte, quien no quiere permitir el entierro de su hermano por ser considerado enemigo del Estado. El coro habría hecho por sobrevivientes de una masacre de los sin-tierra (MST) por parte del gobierno brasileño. Habríamos realizado esta nueva Antígona en una carretera cerrada que atraviesa la Amazonía — aquellas selvas que están constantemente en llamas. No habría sido una pieza, sino una acción. No un acto de arte, sino un acto de resistencia contra aquel poder estatal que está destruyendo la Amazonía. 

 

Pero nada de eso aconteció. La carretera que corta la selva amazónica no estaba cerrada y yo no interpreté el papel de Antígona. Estamos todos desperdigados por el mundo nuevamente y sólo nos vemos en las pantallas — como ahora.

 

Mis amigos europeos me preguntan como estoy. Yo estoy bien. Estoy en la Amazonía, en el norte de Brasil, en las márgenes Del Río Oiapoque. La naturaleza me rodea, ella me protege y nos nutre también. Yo vivo al ritmo de los pájaros y de la lluvia, hicieron un ritual ancestral para mi protección. Por primera vez en quinientos años, Europa y América están separadas nuevamente.

 

Yo pertenezco al tercer clan del pueblo Tariano, el clan de los Truenos. Soy hija de la espuma de la sangre del Dios Trueno, hija de un rey, como Antígona. Dice el mito que nosotros los Tariano éramos gente-piedra, pero en los tiempos modernos asumimos un cuerpo humano para que pudiésemos comunicarnos con las personas que venían hasta nosotros. Mi madre, del pueblo Tukano, me dio el nombre de Kay Sara que significa “aquella que cuida de los otros”. Soy una mezcla de muchas cosas, como todo el mundo: soy Tariana y Tukana, mujer, actriz, artista, una resistente. Yo les hablo a ustedes siendo todo eso.

 

Nosotros, nativos, somos llamados indios. Pero yo insisto que seamos llamados indígenas, porque indio es una palabra ofensiva y peyorativa que nos fue impuesta por los invasores para decir que somos inferiores. Por eso necesitamos cambiar esa realidad. Yo me convertí en actriz para poder hablar sobre nosotros, sobre nuestra existencia.

 

Hace mucho tiempo que nuestra historia es contada por las palabras de los no indígenas. Ahora es la hora de contarnos nuestra propia historia. Nuestro infortunio comenzó cuando los españoles y portugueses llegaron a nuestra tierra. Primero vinieron los soldados, después los religiosos. Junto con los europeos llegaron las enfermedades. Millones de pueblos murieron. Otros millones murieron en las manos de los soldados y del clero, pero ese acontecimiento fue olvidado y no está escrito en ningún lugar. Asesinaron en nombre de un único Dios y de una única civilización, en nombre del progreso y del lucro.

 

Algunos trabajaron para ellos. Negros e indígenas esclavizados y asesinados. Hoy quedamos pocos de nosotros. Yo soy una de las últimas del pueblo Tariano del tercer clan. Y hace pocas semanas llegó hasta nosotros una enfermedad más, venida del exterior. El nuevo coronavirus. Ya deben haber oído decir que en Manaos, la capital del Estado del Amazonas, la enfermedad está matando de forma particularmente terrible. No hay tiempo para funerales adecuados. Las personas son enterradas en fosas comunes que son cubiertas de tierra por tractores. También hay cuerpos en las calles y que no son enterrados, como el hermano de Antígona.

 

Los blancos aprovechan ahora el caos para penetrar aún más profundamente en las selvas. Las selvas están siendo quemadas. La deforestación aumentó brutalmente. ¿Quién está haciendo eso? Quien cae en manos de los madereros es asesinado. Y ¿qué ha hecho el presidente Bolsonaro? Lo que él siempre hace: apretar las manos de sus seguidores y burlarse de los muertos.  Desde que el virus surgió, él instruyó a su equipo para ignorar a los pueblos indígenas. Este es un llamado para matarnos. Bolsonaro quiere finalizar este genocidio de los indígenas que viene ocurriendo hace más de quinientos años. 

 

Sé que ustedes están acostumbrados a relatos como este. Cuando ya es demasiado tarde aparecen los videntes. Cuando Cassandra o Tiresias aparecen en las tragedias griegas, ustedes saben que el desastre ya está en curso. Ustedes gustan de nuestros cantos pero no gustan de lo que hablamos. Y cuando ustedes nos escuchan, no nos entienden. El problema no es que ustedes no saben que nuestras selvas están ardiendo y nuestro pueblo está muriendo. El problema es que ustedes ya se acostumbraron a esos hechos. Pero nosotros no.

 

Entonces voy a decir lo que todos ustedes ya saben: hace algunos años, los afluentes de la Amazonía se secaron por primera vez desde que existen en memorias vivas. Si no actuamos ahora, dentro de diez años el ecosistema de la Amazonía entrará en colapso. El corazón de este planeta va a parar de latir. Es lo que dicen los chamanes hace mucho tiempo y también nuestros científicos, y es lo que dicen los suyos, y tal vez sea la única cosa en la que estén de acuerdo. Nosotros desapareceremos si no actuamos. No podemos ser tan egoístas al punto de negar a la generación futura el derecho de apreciar lo que tenemos de más hermoso: la selva y todo lo que ella libera para nuestra sobrevivencia. 

 

Recibimos muchas peticiones firmadas por celebridades en las últimas semanas. Ustedes quieren volar menos en avión, robar menos, matar menos. Pero ¿cómo pueden creer que después de quinientos años de colonización, después de millares de anos de subyugación del mundo, puede venir a ustedes un pensamiento que no traiga mas destrucción? Si ustedes se escucharan a sí mismos encontrarían apenas su pesada conciencia. Y cuando viajen por el mundo, encontrarán apenas la basura con la que nos contaminaron. No hay como volver atrás. Pero no podemos desistir. No podemos dejar destruir más. Yo no tengo miedo por mí, yo tengo miedo por nuestros descendientes. 

 

Entonces es hora de que ustedes se queden en silencio. Llegó la hora de oír. Ustedes necesitan de nosotros, los prisioneros de su mundo, para entenderse a sí mismos. Porque la cosa es muy simple: no hay ganancia en este mundo, hay apenas vida. Y es por eso que es bueno que yo no haya estado en el palco del Burgtheater. Que no esté hablándoles como actriz, porque no se trata más del arte, no se trata más del teatro. Nuestra tragedia acontece aquí y ahora, en el mundo, ante nuestros ojos.

 

Tal vez sea eso lo que más me preocupa cuando oigo hablar a Creonte: él sabe que está equivocado. Él sabe que lo que él está haciendo está errado. Que está equivocado en todos los sentidos. Que eso traerá su caída, la caída de su familia, el Apocalipsis. Y aún así él lo hace. Él se critica, se odia, pero continua haciendo lo que odia. 

 

Esta locura tiene que acabar. Paren de ser como Creonte. Vamos a ser con Antígona. Porque cuando la ilegalidad se torna ley, la resistencia se vuelve deber. Vamos a resistir juntos, vamos a ser humanos. Cada uno a su manera y en su lugar, unidos por nuestras diferencias y por nuestro amor a la vida que nos une a todos.

 

Colaboración: Martha Kiss

 

 

 

 

 

 

Nacida en 1996, Kay Sara creció en Iauaretê, en el estado del Amazonas, cerca de la frontera con Colombia. Su padre era miembro de la tribu indígenas Tariano, su madre pertenecía al pueblo Tukano. A los 7 años se trasladó con su familia a Manaos, donde, en el mismo año, participó en una película por primera vez. Como joven activista y actriz, estuvo comprometida con el modo de vida y fundamentos mitológicos de los pueblos indígenas, y también con la preservación del medio ambiente contra la amenaza de las empresas mineras y del agronegocio. Actuar es una tradición en su familia y constituye una estrategia central en su compromiso político. Así como sus abuelos participaron en el filme “Jugando en los Campos del Señor”, de Hector Babenco, sus padres y otros miembros de su familia hicieron parte en muchos filmes sobre la vida de la población indígena de la selva amazónica. Kay Sara apareció en varios largo metrajes y serie de TV, incluyendo “Un giorno devi andare” (Habrá un día) de Giorgio Diritti (2013) o “Antes el tiempo no acababa” de Sergio Andrade y Fabio Baldo (2016). En 2018 dejó Manaos en busca de nuevas oportunidades y experiencias. Actualmente vive en São Paulo, y trabaja con varios colectivos de teatro. En 2018 creo su primer monólogo PÊ’TÍA’NÃWE—EXTERMINIO.

N-1 edições © 2020

Traducción al español:

Óscar Guarín Martínez

SensoLab, micro-ediciones, 2020